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jueves, 30 de enero de 2014

“Soft Power”

“Soft Power” o poder: Politica y Políticos en la red


La política es uno de los campos donde Internet es visto, por algunos, como intruso, moda pasajera o mal menor todavía manejable. Para muchos “representantes” del pueblo –o candidatos a serlo- este medio revolucionario es una amenaza porque supone el fin del poder vertical sobre el pueblo. Muchos lo siguen usando mal o pésimo y no aprenden o no quieren aprender. En fin…

Lejos de estos escenarios, en la empresa privada tradicional, pasa lamentablemente lo mismo. El cambio cuesta una enormidad y es una pena que el impedimento no sea ni el dinero ni la tecnología sino la mente de algunos que, al igual que los políticos, no la ven o se ponen de perfil.

Hace poco conversaba con un alto ejecutivo de una empresa importante y me indicaba que no entraba a las redes sociales y su negocio de retail ofrecía poca interactividad “on line” porque el dueño de la misma, para quien el trabajaba, no tenía Facebook porque, según decía, esto era sólo para sus hijos.

Hoy veía en TED a Shashi Tharoor, canciller de India y parlamentario de ese país, hablando de “soft power” o “poder blando”, un término usado en relaciones internacionales, para describir la capacidad de un actor político, como por ejemplo un estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores valiéndose de medios culturales, ideológicos.

El término “soft power” fue acuñado por el profesor de la Universidad Harvard, Josph Nye. Es decir, la cultura, la ideología, los valores, la creatividad, etc. que una nación posee son un atractivo para otras y por lo tanto es un poder. El liderazgo del siglo XXI no tiene sólo que ver sólo con una fuerza militar o financiera, sino con una suerte de “encanto sutil” para atraer a otros.

El “soft power”, sirve no sólo a una nación para atraer, por ejemplo, inversión extranjera, sirve también para infundir temor a los vecinos o para negociar o presionar por sus intereses. China, por ejemplo, pretendió infundir temor o admiración por su récord de medallas de oro en Beiging.

Los estados, pero también las empresas, y/o las personas que son capaces de crear nuevos productos o servicios y romper paradigmas terminan creando “soft power”. Alguien duda del poder de Steve Jobs y Apple? Alguien del poder de Google?

Internet y los medios sociales se convierten en estratégicos cuando se habla de poder blando. La capacidad y velocidad de comunicación son claves.

Un candidato a político no tiene tanques ni poder, por el contrario busca el poder. Un empresario tampoco tiene armas y tiene un poder económico siempre limitado. Ambos necesitan usar “soft power” para influir y es curioso que, algunos, no quieran usar el medio más potente y, todavía, más económico conocido: Internet y las redes sociales.

Autor: Alfonso Baella Herrera

China y las Olimpiadas: el largo siglo XXI

Archivo: China y las Olimpiadas: el largo siglo XXI 
Dr. Julio A. Díaz Vázquez (Profesor Titular. Centro de Investigaciones de
Economía Internacional. Universidad de La Habana)

Introducción
Entre el 8 y el 24 de agosto del 2008 tuvieron lugar, en Beijing, República Popular China (RPCh), los ”XXIX Juegos Olímpicos”. Este acontecimiento, por diferentes lógicas e interpretaciones, sacó a la luz variados augurios que analistas de diferentes “colores” y latitudes traían a colación, al referirlo a los 
encuentros deportivos efectuados en Moscú, - boicoteados por los Estados Unidos y otros países que se plegaron a las presiones de Washington - en 1980, y la cita de Seúl, en 1988. El trasfondo radicó, parafraseando, en tomarlos de punto de partida para proyectar en el tiempo los procesos que llevaron, al final, al colapso del experimento “soviético”; e introducción de medidas político-sociales más tolerantes en la República de Corea del Sur.

Es bueno recordar que, China participó en una cita olímpica, por vez primera, en Los Ángeles, en 1984. Allí, como en Seúl (1988) los logros fueron modestos; en Barcelona (1992) ocupó el cuarto lugar; en Atlanta (1996) repitió el resultado; en Sydney (2000) ascendió al tercer puesto; y en Atenas se situó segunda, por detrás de Estados Unidos. En Beijing, con 100 medallas (51 de oro, 21 de plata y 28 de bronce), terminó ampliamente delante de los estadounidenses (36 oros), aunque éstos dominaron en el número (110) total de metales. El país anfitrión, que aspiraba a coronarse primera potencia deportiva del mundo, lo alcanzó en “sus Juegos Olímpicos”.

Sin embargo, es una verdad de “Perogrullo” que, los grandes éxitos deportivos siempre tienen efectos políticos, mucho más si se trata de una victoria, y los ganadores, en buena lógica, no dejan de aprovecharlo. Por otro lado, cualquier análisis económico-político-sociales de la RPCh, para resultar desapasionados, no pueden obviar lo acaecido en el país en los últimos 30 años al influjo de la política de “Reforma y Apertura”. La celebración de las olimpiadas, en Beijing, no es un suceso al margen de las “Cuatro Modernizaciones” que, como “revolución silenciosa”, trastoca la vida económico-político-social del país.

A su vez, en el año 2001, coincidieron dos eventos, de actual y prolongada repercusión internacional, e involucraron a China: ingresar en la “Organización Internacional del Comercio” (OMC); y otorgársele a Beijing la sede de los juegos olímpicos del 2008. En el primer caso, buscó equilibrios razonables al cúmulo de demandas que le exigieron, ante todo, los tres centros hegemónicos mundiales (Unión Europea (UE), Japón y Estados Unidos), y hacer concesiones a otras naciones. No faltaron quienes vieron en esa adhesión la fase final de la política económica diseñada a partir de 1978. Para otros, el país había quedado atado a la voracidad del capital internacional. La vida está confirmando lo acertado del primer pronóstico y lo errado del segundo. 

En el segundo lance, China, también debió someterse al escrutinio externo, así como debió aceptar una abultada lista de exigencias que impuso al país el “Comité Olímpico Internacional” (COI). En primer orden, verse preterida ante otras solicitudes; después, levantar, bajo estricto control las instalaciones e infraestructuras idóneas para el desarrollo de las competencias; garantizar condiciones ambientales adecuadas, e inclusive, sufrir el asedio de una bien orquestada campaña que buscó vincular aspectos deportivos con cuestiones sociales y políticas de incumbencias nacionales.

Por ello, parece de interés y, al mismo tiempo, estimulante, emborronar algunas cuartillas para traer a colación el verdadero “parte aguas” en que devino para la economía mundial la incorporación de China a la OMC y, posiblemente, lo que representará la victoria obtenida por el país en la finalizada cita olímpica. Una cuestión es cierta, la incógnita del futuro radica en si lo logrado por China en el plano deportivo mundial tendrá un antes y un después. Sin embargo, no es aventurado sugerir que el “nido de pájaros” y el “cubo de agua” ya son símbolos que entraron en la historia del olímpismo. 

El “Nuevo Gran Salto”.
Una breve “llovizna” sobre lo mojado. En 1978, año que el país enrrumbó hacia la modernización de la economía y la sociedad, o lo que es lo mismo, situar el centro del trabajo económico en el “desarrollo de las fuerzas productivas”, y con ello, poner a China en el camino de recuperar el lugar cimero que perdió en las postrimerías del siglo XVIII, arroja 30 años después un saldo difícil de superar. Entre 1979-2007 la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) alcanzó cerca del 10% anual; se constituyó en la cuarta economía mundial (PIB de 3 billones 300 mil millones de dólares); en 1980 ocupó el lugar 30 por los montos del comercio exterior; en el 2007 es la segunda economía en ese rubro. China produce hoy el 25% de los bienes manufacturados en el orbe.

Partiendo prácticamente de cero, concentra las primeras reservas de divisas mundiales (más de un billón 900 mil de dólares); recibe alrededor del 45% de los flujos inversores externos que van a los países mal llamados en “vías de desarrollo”; ciertamente, es ya el “taller del mundo”; y con redoblados bríos emprende un masivo renovar científico-tecnológico que, al asimilar e introducir novedosas técnicas en las ramas punteras de la economía, involucra la salida, en solitario, al espacio cósmico.

Del impulso que recibió el renacer de la “Nueva China” al adherirse a la OMC, habla por sí solo que, entre el 2001 y el 2007, el comercio exterior se multiplicara por más de 4 veces, al pasar de los 509 mil 800 millones hasta los 2 billones 173,600 mil millones de dólares. No es festinado afirmar que al 
ingresar en la OMC el país terminó uno más de los ciclos en el curso abierto en 1978 para, conscientemente, quedar plenamente integrada a la economía global. El resultado ya es visible, China tira en más 20% de la economía del orbe. Es impensable encarar cualquier reflejo del desempeño económico mundial, sin el concurso del país, ya sea en su carácter activo o pasivo. 

En tanto, el reto en los próximos años, es predecible, se concentrará en lograr que sus producciones incorporen, al sello de “hecho en China”, el de “creado en China”. Igualmente, al transcurrir el “primer cuarto de su siglo”, el país contará con no menos de 50 de las primeras 100 más grandes corporaciones mundiales; y será uno de los primeros inversores foráneos del planeta.

Por otra parte, al mirar 30 años atrás se constataría que China, por lo general, destacó como el país más poblado que, periódicamente, sufría reiteradas hambrunas. Nadie, en su sano juicio, la hubiera tomado en cuenta como actor central planetario. Ahora, por el contrario, la pregunta sería: ¿Cuándo el país superará a los Estados Unidos como la mayor economía del orbe? En lo económico, si como se presagia, mantiene crecimientos de alrededor del 7-8% del PIB anuales, China alcanzará y superará a los estadounidenses en el horizonte del 2035-2040.

Entonces, ¿Quién duda que el triunfo olímpico sirva para, con más tenacidad, impulsar este proyecto? 
Así, dejando de lado los posibles acertijos de números y cálculos que fijen fecha exacta a tal suceso, son pocos los que ponen en tela de juicio que el hecho no ocurrirá. Tampoco hay que ignorar que, hoy día la “aldea global”, ante la desaparición del “mundo bipolar”, asiste a un desafío “geopolítico”, donde un “poder único” pugna por asegurarse el dominio internacional, imponiéndose al reclamo universal de una razonable y más justa “multilateralidad”. Factor, este último, que de lleno lleva a China al “ojo del huracán” que parece definirá, en la primera mitad del siglo XXI, la puja por el mantenimiento, por parte de una potencia, de la “hegemonía unilateral”.

Llevado a este plano, las olimpíadas del 2008 celebradas en Beijing, resultaron un escenario que, por su alcance y significación política, va más allá de lo deportivo. Tres serían los elementos a destacar.

El primero, por el nivel de competición las olimpíadas fueron excepcionales por su dimensión y contenido: 43 record mundiales batidos y 132 olímpicos. Más deportes, disciplinas, participantes – atletas y entrenadores-, personal y mujeres – 45% de los atletas -, que el nunca antes. La televisión cubrió 5 mil 400 horas de emisiones en directo – 2mil horas más que en Atenas-, 4 mil 400 millones de espectadores; casi 40 mil periodistas, reportaron las competiciones. De 16 países, 38 maestros entrenaron a equipos de China; un nadador, estadounidense Michael Phelps, logró, para un solo atleta en los juegos, 8 medallas de oro. 

El segundo elemento a recalcar involucra al barraje desplegado en la prensa internacional que, salvo honrosas excepciones, amplificó y divulgó todo tipo de augurios y negros destinos, acerca de la realidad socio-económica y política de China, así como del desarrollo de la preparación, desempeño y resultados de los juegos. Ningún segmento quedó fuera de tergiversaciones. Interesante, es ver en glosa, las descalificaciones más frecuentes y reiteradas utilizadas.

En el deporte, el objetivo chino es ganar medallas; la estrategia es heredada de la Alemania Nazi, la desintegrada Unión Soviética y el fracasado socialismo de Europa Oriental. La actividad deportiva es utilizada como herramienta de propaganda para someter la voluntad del pueblo, ensalzar el poder del régimen e intensificar su ideología y control. Con Mao, este credo era el comunismo; mientras que, la China actual, incita el nacionalismo entrelazado artificialmente con el rigor del “perverso” (textual) del Partido Comunista Chino (PCCh).

El “dopaje” también entró dentro de las “trapacerías“ manipuladas. China, emplea a especialistas en la materia procedentes de la extinta República Democrática Alemana (RDA) en estos menesteres. Pero, ningún atleta nativo fue descalificado en los controles. En tanto, estos “tarifados” se desnudaban al divulgar que el presupuesto del Sistema Deportivo Nacional de China, ascendía a los 714 millones de yuanes (unos 90 millones de dólares), de cara a las Olimpíadas. Se incrementó desde los 428 millones de yuanes (54 millones de dólares) antes del 2001, cuando el país recibió la sede olímpica. La pregunta es sencilla ¿Qué son 94 millones de dólares para un país con una población de más de 1370 millones de habitantes? Lo que dolía era el lugar cimero en el medallero de una nación que, diga lo que se diga, es parte del “Tercer Mundo”. 

La seguridad. Una pluma crítica de la sociedad burguesa avanzada escribió acerca de los sostificados medios de control electrónicos que el país adquirió. 
Lo más extraordinario, los asoció para ser utilizados en la represión de los “opositores” y “defensores” de la libertad y la democracia. En realidad, para observadores más objetivos la vigilancia fue extrema, aunque sutil, pasó casi desapercibida; cámaras de video y miles de voluntarios ayudaron a más de 100 mil policías a mantener el orden. Resumiendo, el ambiente resultó más distendido que el reinante en los altos cónclaves políticos anuales.

El medio ambiente. Por esta causa determinadas agencias especularon con el retraso o traslado de las competiciones. Beijing exhibió los cielos más azules y límpidos en varias décadas. La capital disfrutó del mejor aire, dadas las medidas previsoras tomadas: restricciones al tráfico, cierre temporal de instalaciones industriales, lluvias artificiales, etc. Quedó, como ejemplo de “estupidez y provocación” la foto del equipo de ciclismo de los Estados Unidos, llegando al aeropuerto pequinés con máscaras. El augurado catastrofismo combinado de contaminación y alimentación rayaron en el absurdo. El “aguaje” de ciertas delegaciones acerca de la comida de los atletas solo tuvo cabida en el “globo” de desinformación inflado para restar méritos al país anfitrión.

Lo político. Desde los juegos de Berlín, en 1936, los de Beijing fueron los más politizados. Todo respondió a una campaña bien preparada e iniciada con el recorrido de la “Antorcha”. Fueron organizados desde el país erigido en “centro hegemónico” y bien dirigidos, por una de las “agencias de inteligencia y subversión de más recursos del mundo”; cuestión hoy sabida y salida a la luz pública, con reflejo en la prensa internacional. La campaña arrancó con la gira, por diferentes países, del “Dalai Lama”. Recibido por los altos dignatarios de países europeos y, desde luego, por el de los Estados Unidos, usó el “manto” de la buena voluntad de reclamar más “autonomía” para la “sojuzgada” región china del Tibet.
En todo país visitado por el “Dalai Lama”, como por “encanto”, aparecieron los “grupos del “Free Tibet”, realizando desfiles y demostraciones. El cenit de los tumultos orquestados, resultó los motines generados, con pérdidas de vidas humanas y materiales, en el interior del Tibet. La presencia del “Lama” en París, sirvió para que el Presidente francés, llamara al “boicot” de la presencia de los Jefes de Estado o Gobierno, en el acto inaugural de los Juegos.

En tanto, en el curso de los juegos no faltaron los intentos de “aguar la fiesta”; quedó el “mal gusto” de las solicitudes denegadas para expresarse “pro derechos humanos”, en los tres parques habilitados en Beijing – exigencia del COI, y que China aceptó, sin dejar implementar medidas para rebajar su perfil 
-; no hubo demostraciones del “Falung Gong” y los “uigures” atentaron contra un puesto policial a 4 mil Km., de Beijing. Los montajes del “Free Tibet” no pasaron de mostrar una que otra pancarta o camiseta. Cierto, hubo bloqueo de sitios de “Internet” originados en Taiwán, ya fueran gubernamentales o privadas, así como de organizaciones hostiles a China.

El “fiasco” sufrido por los orquestadores de todo tipo de “trapisonda” a la apertura de los Juegos, quedó patentizado con la asistencia de más de 80 Jefes de Estado, a la ceremonia inaugural, incluida el francés, Sarkozy; el Presidente, George W. Busch, que había recibido más de una demanda para que no asistiera, ocupó un puesto en la tribuna. Sí, en alguna ocasión vale que, en “política, lo real es lo que
no se ve”, los juegos olímpicos del 2008, organizados por China, lo evidenciaron en su más alta valía.

En resumen, con independencia del "boicot blando" al que se vio sometida China, la aplastante mayoría de los observadores que siguieron el desempeño de las olimpíadas, ratifica el veredicto de Jacques Rogge, Presidente del COI, que lo dice todo: “realmente excepcionales". Las olimpíadas, en su organización, realización sin desagradables incidentes, lo grandioso de sus ceremonias de apertura y cierre, dejan una impronta que permite hablar de un antes y después de los “XXIX Juegos Olímpicos de Beijing”.

China, con la gigantesca operación de propaganda que fue la organización de los juegos olímpicos, le ganó la “batalla” al inmenso arsenal propagandístico de las “potencias occidentales”, con Estados Unidos a la cabeza – único país que no trasmitió en directo los juegos -, que hicieron todo lo posible, por llenar de manchas negras, al “competidor” que, como China, trabaja por afirmar su autonomía, así como recuperar el lugar cimero que ocupó en el concierto de las Naciones hasta el segundo tercio del siglo XVIII.

A Modo de Reflexiones finales 
Nadie duda que sean gigantescos los cambios ocurridos en China desde, los acuerdos de la “III Sesión Plenaria del XI Comité Central del PCCh”, en 1978. 
El explosivo dinamismo económico, incremento de la productividad del trabajo destapado por la “Reforma y Apertura”, forma parte de los anales de la historia económica mundial, solo comparable con la afirmación de Estados Unidos como potencia industrial, en los años que siguieron a la “Guerra Civil” en el último tercio del siglo XIX.

Tampoco, puede ignorarse que las mutaciones socio-económicas habidas en los últimos 30 años, han transformado la vida de cientos de millones de personas; el nivel de vida de la gente común ha mejorado ostensiblemente. La sociedad china se ha vuelto más transparente y vigorosa; en el ambiente 
político del país ocurren aperturas y cambios impensables en el transcurso de la historia de China. El ciudadano normal tiene oportunidades que jamás disfrutó en los pasados tiempos; ante todo, la capacidad de organizar y dar rienda suelta a sus capacidades intelectuales y creativas.

En tanto, es perceptible por todo observador desapasionado y libre de prejuicios ideológicos, que el país asiste a un intercambio más abierto de ideas y preocupaciones sociales; las opiniones y criterios más diversos fluyen en el actual quehacer de la sociedad china. Baste señalar dos datos. En el país, más de 700 millones de habitantes se comunican por la telefonía celular; unos 241 millones están vinculados a “Internet”; el primer lugar en el planeta.

También es cierto que China enfrenta muchos y variados desafíos. Entre otros, las desigualdades regionales; es marcada las diferencias entre las regiones de la costa, el centro y occidente del país. Las disparidades en los ingresos entre las áreas urbanas y rurales; los retos que representan las cada vez más complejas situaciones medio ambientales; los tensos problemas que plantean el suministro de agua potable a millones de personas; la polución e influencia en el calentamiento global que ocasionan el uso de carbón (70%) para generar electricidad. Sin descontar la necesidad de poner freno a la corrupción.

De lo que sí no hay dudas, el Estado y el Gobierno del país, actúan con pleno dominio de los retos, vertebran la “estrategia de largo plazo”, en concordancia con los imperativos de impulsar el “desarrollo pacífico”, junto con el incremento sostenido de las “fuerzas productivas”, que lleve a China al concierto de las naciones “medianamente industrializadas”; conjugando esos objetivos con la 
formación de una “sociedad armoniosa”.

Vistos en el plano de las fortalezas y desafíos, es mucho lo que debe conseguir y resolver China, para reconquistar el lugar que ocupó en el mundo hasta mediados del siglo XVIII. Sin embargo, hay suficientes señales para afirmar que, el ingreso en la OMC, en lo económico-político, marcó la total integración de la nación al proceso de globalización, aceptando sus ventajas y amenazas.

En tanto, el desarrollo con éxito de los “XXIX Juegos Olímpicos”, del 2008, fue el anuncio y presentación responsable del país en calidad de actor “social” a escala planetaria.

Si a una reconocida autoridad histórica le fue dable calificar al Siglo XX de “siglo corto”; hay, por otra parte, suficientes elementos para vislumbrar que, con dos sucesos, al parece inconexos, la adhesión a la “OMC-XXIX Olimpiada”, en la alborada de la nueva centuria, China logró presentar sus cartas credenciales como “potencia emergente”. Mientras, no sería descabellado el vaticinio que, lleva a destacar a la nueva época, como el “Siglo de China”. Con una necesaria adición, será un “Siglo Largo”; su verdadera marcha en toda su dimensión comenzó en fecha, para entonces lejana, como fue 1978. Lo marcaron las “Cuatro Modernizaciones”, a través de una política de “Reforma y Apertura”.

Para finalizar, una conclusión parece obvia. China, está envuelta en un proceso de transformaciones como nunca conoció en su milenaria historia. No es la masa de ciegos autómatas al servicio de un Estado comunista; ni tampoco, el pueblo aplastado por un Gobierno totalitario, que la “propaganda blanca o negra” nos presenta; además alerta, de modo machacón, sobre sus objetivos perversos de dominación mundial. La sociedad china no deja de ser tan normal como cualquier otra del planeta; en su seno bullen deseos y anhelos humanos, tan legítimos como los de todo colectivo que aspira a una mejor vida. 

Fuente: http://www.politica-china.org/imxd/noticias/doc/1226316626China_y_las_olimpiadas.pdf
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08 Agosto 2012
Moderación: otra medalla de oro que China conquista fuera del campo deportivo
Igual que a la imagen de China como una "amenaza" en el despegue económico, en el ámbito deportivo existen críticas y calumnias irrazonables. Pero la delegación china toma una actitud de moderación y muestra los modales de esta potencia asiática, y esa es la otra medalla de oro que China conquista fuera del campo deportivo en la olimpiada.
En los Juegos Olímpicos de Londres la delegación china llama mucho la atención del mundo, al igual que en la olimpiada de Beijing 2008. Hay elogios, pero también calumnias.

Es innegable que los Juegos Olímpicos son como un espejo, que refleja el poder blando de un país. Los países que figuran entre los primeros en el tablero de medallas son siempre grandes potencias del mundo. La historia de la participación de China en los Juegos Olímpicos es también la historia del avance de China, con sus propias fuerzas. La conquista de tantas medallas de oro por parte de China hace a la comunidad internacional experimentar el vigor y la vitalidad de una potencia en despegue.

El comportamiento de la delegación china en los Juegos Olímpicos llena de orgullo a la nación asiática. Sin embargo, en la actual cita estival de Londres, también aparecen factores discordantes.

Por ejemplo, cuando la nadadora china, Ye Shiwen, ganó la medalla de oro en la natación, fue vista con sospecha por algunos malintencionados. Pero ante los exámenes de dopaje, tuvieron que pedir perdón muchas veces.

Además de esto, han aparecido varias polémicas en las pruebas de gimnasia, en las que deportistas, expertos, periodistas, e incluso los espectadores, han mostrado su desacuerdo con el trabajo de los árbitros.

Este 6 de julio, se celebró la prueba final de gimnasia artística para la especialidad de anillas, en la que el chino Chen Yibing hizo una ejecución perfecta, realizando todos sus movimientos exacta y establemente. En la parte final de su demostración, su salida fue muy limpia y firme.

Sin embargo, cuando todos pensaron que él se llevaría la medalla de oro, el brasileño Arhur Zanetti, aunque tuvo una salida poco exitosa, ya que necesitó dar un paso para mantener el equilibrio, obtuvo la nota más alta: 15.900 puntos, superando al actual campeón del mundo Chen, quien terminó con 15.800 puntos y ocupó el segundo puesto.

Igual que a la imagen de China como una "amenaza" en el despegue económico, en el ámbito deportivo existen críticas y calumnias irrazonables. Pero la delegación china toma una actitud de moderación y muestra los modales de esta potencia asiática, y esa es la otra medalla de oro que China conquista fuera del campo deportivo en la olimpiada.

China envió a 396 atletas a competir en 23 deportes que se disputan en los Juegos Olímpicos de Londres, ya que no se clasificó en fútbol, equitación y balonmano.

La delegación china, integrada por 171 hombres y 225 mujeres, está acompañada por 225 funcionarios.

En los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, el país anfitrión envió la delegación más numerosa de la historia: 639 atletas que, con las 51 medallas de oro conquistadas, situaron a China en el primer puesto de la tabla del medallero, sorprendiendo a todo el mundo.

Pero el jefe del deporte chino, Liu Peng, había dicho antes de la partida de la delegación a Londres que China se enfrentaría a fuertes desafíos en su intento de repetir los espléndidos resultados de los Juegos Olímpicos de Beijing y advirtió contra la complacencia.

"Los atletas de todo el mundo se han estado preparando duramente para estos juegos y aspiran, con fuerza, a lograr avances sustanciales y ganar algunas medallas, por eso, la competencia será muy dura", dijo Liu, jefe de la Administración General de Deportes de China.

"Los deportistas chinos tienen que estar plenamente preparados y dispuestos a enfrentarse a los desafíos." añadió Liu.

Más de 1000 millones de telespectadores vieron la inauguración de los XXX Juegos Olímpicos Londres 2012, en los que delegaciones deportivas de 204 países y regiones dan vida al evento del 27 de julio al 12 de agosto.
Fuente: http://espanol.cri.cn/741/2012/08/08/1s255106.htm 
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sábado, 18 de enero de 2014

Manifiesto fundacional del Comité Antiimperialista de Catalunya

Reunidos en asamblea compañeros y compañeras antiimperialistas, acordamos fundar el Comité Antiimperialista de Catalunya, como una unión libre y voluntaria de militantes. Unión basada en el reconocimiento y respeto a nuestra diversidad, pero comprometida con unos principios comunes.
Los principios fundacionales del Comité Antiimperialista son:
  1. La lucha contra las agresiones imperialistas.
  2. El internacionalismo militante, entendido como compromiso en defensa de los pueblos y países oprimidos.
  3. El respeto y la defensa a la autodeterminación de los pueblos, defendiendo su derecho a dotarse del sistema político y económico que mejor consideren. Nos oponemos a cualquier campaña, operación o injerencia externa que intente de forma directa o indirecta subvertir su libre autodeterminación.
  4. El respeto y la defensa activa del derecho de los pueblos a la lucha contra el imperialismo y por la conquista de la soberanía.
  5. La frontal oposición a quienes intenten justificar o minusvalorar el imperialismo y sus guerras de saqueo y rapiña.
La asamblea fundacional del Comité Antiimperialista de Catalunya se reivindica de las mejores tradiciones del internacionalismo y nos comprometemos a no ceder ni un milímetro en la defensa de los derechos de los pueblos.
Nuestras actividades se centrarán en el combate ideológico contra el imperialismo, en el activismo y la difusión de la causa de los pueblos por su emancipación y soberanía, así como en la solidaridad activa y militante, favoreciendo el intercambio y el conocimiento mutuo entre Catalunya y los pueblos en lucha y resistencia.
Denunciamos el carácter genocida del imperialismo, y especialmente de su mayor estructura militar, la OTAN, dirigida por los Estados Unidos y con la participación subsidiaria de la Unión Europea. Exigimos la inmediata salida del Estado Español de la OTAN y de la UE.
Denunciamos al sionismo como expresión ideológica y religiosa sobre la que se sustenta el imperialismo atlantista para justificar el despojo y la guerra contra los pueblos árabes. Igualmente denunciamos la alianza entre el sionismo y las monarquías árabes para someter a la nación árabe.
Saludamos a todos los pueblos y naciones del mundo en lucha contra la opresión y en defensa de su soberanía.
La solidaridad es la ternura de los pueblos”
Comandante Ernesto ‘Che’ Guevara


El nuevo orden mundial presenta un planeta encabritado. Entrevista al sociólogo Enrique Muñoz Gamarra

MASVOCES

El sociólogo peruano, Enrique Muñoz Gamarra, especialista en geopolítica y análisis internacional y autor del libro Coyuntura Histórica. Estructura Multipolar y Ascenso del Fascismo en Estados Unidos, nos ayuda a analizar cómo es y funciona el nuevo orden mundial. Un mundo multipolar a raíz de la caída de los Estados Unidos como máxima potencia imperialista y que de inmediato originó una fortísima carrera armamentística y una equiparación de fuerzas en un conjunto de países imperialistas en el que ahora está asentado precisamente el sistema multipolar. Para Muñoz Gamarra esos países que intentan expandir su poder por el mundo son China, Estados Unidos, India, Rusia, Japón, Alemania y Francia.

El momento, realmente, es muy delicado. Una situación algo similar al año 1939 cuando se inició la Segunda Guerra Mundial. En realidad, una coyuntura en el que están definiéndose los entornos del nuevo poder mundial.

Acceder al audio de la entrevista desde aquí.

Mayor información visitar http://www.enriquemunozgamarra.org/










domingo, 5 de enero de 2014

No hay ningún gobierno indígena en América Latina


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Silvia Rivera Cusicanqui abrió en el CUCSH el IV Congreso Internacional de Investigación sobre América Latina
Continúa el saqueo imparable, por las empresas transnacionales, de los recursos naturales donde durante cientos de años han estado asentados los pueblos originales de América, ante la complicidad e indiferencia de los gobernantes, porque “todavía no hay ningún gobierno indígena en América Latina” que los detenga, denunció la antropóloga boliviana Silvia Rivera Cuasicanqui en entrevista posterior a su conferencia inaugural, “Etnicidad estratégica, nación y colonialismo en América Latina”, llevado a cabo en  Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).
 
Rivera Cuasicanqui citó el ejemplo del presidente de Bolivia: “Evo Morales es un exsindicalista cocalero, parcelario, mercantil, vinculado a la producción comercial y de monocultivo. No hay nada de indígena en su forma de ser, ni de percibir. Ni siquiera habla un idioma indígena. Es un recurso retórico decir que es indígena”.
 
Explicó que la lucha que sostienen los indígenas y campesinos de América Latina es la misma ante la marcha imparable de empresas y gobiernos “desarrollistas”, ahora incluso más crueles y más agresivos. Rivera Cusicanqui señaló que no les queda más remedio a los pueblos indígenas que “luchar, como siempre”, tal cual citó en su ponencia la lucha por la defensa de tierras y selvas.
 
Silvia Rivera Cusicanqui, nacida en La Paz, Bolivia, en 1949, es una teórica contemporánea aimara, socióloga e historiadora. Ha investigado sobre la teoría anarquista, y las cosmologías quechua y aimara. Es autora de varios libros reconocidos, entre los que figura: Oprimidos pero no derrotados: la lucha campesina entre los aimaras y quechuas en Bolivia.
 
La conferencia se llevó a cabo en el auditorio Silvano Barba, del CUCSH de la UdeG. Este año, el Congreso Internacional de Investigación sobre América Latina lleva por título “Dinámicas de inclusión y exclusión en América Latina. Perspectivas y prácticas de etnicidad, ciudadanía y pertenencia”,
Fuente: http://www.udg.mx/noticias/no-hay-ningun-gobierno-indigena-america-latina

El fin del poder, del Capitalismo al Talentismo

lunes, 30 de diciembre de 2013

Moisés Naím es doctor por el MIT, fue ministro de Venezuela, director del Banco Central, director ejecutivo del Banco Mundial y durante 14 años (hasta 2010) director de la prestigiosa revista Foreign Policy. Se trata de uno de los más respetados analistas de política internacional, galardonado con el Premio Ortega y Gasset a la trayectoria profesional. y acaba de publicar EL FIN DEL PODER. Empresas que se hunden, militares derrotados, países que renuncian y gobiernos impotentes. Cómo el poder ya no es lo que era.

Moisés Naím define el poder como “la capacidad para lograr que otros hagan o dejen de hacer algo” y considera, con enorme criterio, que se está degradando. De la fuerza bruta al talento, del norte al sur, de Occidente a Oriente, de los viejos gigantes empresariales a las empresas ágiles e innovadoras, de los dictadores a la gente que protesta en las calles, de los hombres a las mujeres, de los más viejos a los jóvenes. Como dice el autor, “el poder es cada vez más débil, más transitorio, más limitado”. ¿Ejemplos? En 1992, el CEO de una Fortune 500 tenía un 36% de conservar su puesto tras cinco años; en 1998, el 25%. En 2012, el 15% de los CEO de las 2.500 mayores empresas en bolsa dejaron sus puestos. En 1980, una empresa de EE UU en el 5% de las mejores de su sector tenía un 10% de riesgo de perder esa posición en 5 años. En el 2000, el riesgo era del 25%. Y hoy, muchísimo mayor.
El poder tiene cuatro canales: fuerza (coacción), código (obligación), mensaje (persuasión) y recompensa (incentivo), según MacMillan (Strategy Formulation: Political concepts, 1978) y puede estar asociado a barreras (de entrada). Se ha ligado al tamaño merced a Alfred Chandler (decano de la historia empresarial de EE UU), a Max Weber (que mitificó la burocracia) y a Ronald Coase (costes de transacción). De ahí el “complejo militar-industrial” (Eisenhower).
Sin embargo, “el poder está perdiendo fuerza” por una triple revolución: la del más, la movilidad y la mentalidad. Es el “aumento de todo” (de habitantes, de número de países, de alfabetización, de desarrollo humano), de migrantes (214 M en el mundo, un 37% más que hace dos décadas y un 14% del planeta como turistas) y no dar nada por descontado (desafiar el poder establecido). Cuando Naím cruza las cuatro fuentes del poder con las tres revoluciones, obtienes:
- Poder: Es más difícil mantener el control, límites y jurisdicciones escurridizos, respeto automático a la autoridad deja de existir.
- Código: Afirmaciones morales, la ambición asalta las certidumbres, los valores universales (ética) son más importantes que el dogma.
- Mensaje: Nichos prometedores, conciencia de muchas alternativas, escepticismo y cambio de preferencias.
- Recompensa: Adaptarlas a tantas posibilidades de elección, lo mismo con el cambio en las personas, el coste de la lealtad es cada vez mayor.

En la política nacional, las victorias aplastantes, las mayorías políticas y los mandatos claros son cada vez menos frecuentes. Las democracias son cada vez más diversas, el club de los líderes es cada vez menos exclusivo y hasta las autocracias son menos autocráticas. Elecciones frecuentes, países sin gobierno (Holanda, 4 meses en 2010; Bélgica, 541 días hasta 2011), colapsos, de partidos a facciones (Tea Party, Partido Pirata), de capitales a regiones, de gobernadores a abogados, de líderes a gente corriente… Ciberactivistas como Julian Assange (Wikileaks), “centrifugadora política” (el creciente papel de los individuos).
Respecto a los ejército, tras la guerra fría el Pentágono se enfrenta a piratas (Al Qaeda, los Zetas en México, Hézbola, Somalia, artefactos caseros, el ciberespacio como arma, redes delictivas transnacionales).
El 28 de marzo de 2012, el Tesoro australiano proclamó que la suma de las economías menos desarrolladas superaba a los países ricos. Hemos pasado de una potencia hegemónica al “soft power” (Joseph Nye, 2004). Es un mundo “post-americano” (Fareed Zakaria), con aliados adhoc. “El enorme prestigio del Barack Obama que llegó a la presidencia de Estados Unidos no es el del presidente acosado por una severa parálisis política, una fuerte crisis económica mundial, las filtraciones de secretos y un desempeño que ha sido menos entusiasmador que las inmensas expectativas que generó su llegada a la Casa Blanca”. De embajadores a ONGOG (Organizaciones No Gubernamentales Organizadas por un Gobierno). No es multilateralismo, sino minilateralismo.
El dominio de las grandes empresas ya no es tal. Las “siete hermanas” dominaban el petróleo, “tres grandes” el automóvil y “cinco firmas” las auditorías. Los jefes, como hemos visto, pierden rápidamente su cargo y el poder del mercado  no es solo concentración. Las barreras disminuyen, la competencia aumenta. “Las empresas más innovadoras y heterodoxas violan de muchas maneras los principios de las economías de escala, las economías de gama y la organización tradicional”. El acceso al capital es más fácil, hay nuevas variantes y nuevas oportunidades. El sur se vuelve norte y triunfan los “hedge funds”.
En la religión, los católicos han descendido en una década en Iberoamérica del 80% al 71% (en Brasil, 0’5 M se pasan a los evangélicos cada año). Los “evangelistas de la prosperidad” están creciendo y son el 11% en Corea del Sur, el 23% en EEUU, el 26% en Nigeria, el 30% en Chile, el 34% en Sudáfrica, el 44% en Filipinas, el 49% en Brasil, el 56% en Kenia y el 60% en Guatemala. En el sindicalismo, cae la afiliación y aparecen seudo-sindicatos que no lo son. En filantropía, hay una explosión mundial de generosidad y abundan la celentropía (filantropía de “celebrities”). Respecto a los medios de comunicación, los periódicos desaparecen, aparecen las empresas tecnológicas, triunfan los blogs influyentes y el cuarto poder deja de serlo.
Francis Fukuyama ha llamado a estos nuevos tiempos “vetocracia”. El resultado es la parálisis. La sobredosis de controles y contrapesos lleva a una U invertida (una vez más). La degradación del poder conlleva, siempre según Moisés Naím, a cinco riesgos: Desorden, Pérdida de talento, Banalización de los movimientos sociales, Impaciencia y falta de atención, Alienación. “Si existe un riesgo creciente para la democracia y las sociedades liberales en el siglo XXI, lo más probable es que poceda no de una amenaza convencional moderna (China) o premoderna (el islam radical), sino del interior de las sociedades en las que se ha instalado la alienación”.
Lo que nos propone el autor, para salir bien de ésta, es pensar sobre la situación, hacerles la vida más difícil a los “terribles simplificadores” (Tea Party, revolución bolivariana, etc) y devolver la confianza en las instituciones y partidos, aumentando la participación política. Se acerca “una oleada de innovaciones políticas”, nos advierte Naím. Sí, es lo propio de un cambio de era.
Gran libro para acabar el año, muy complementario a Del Capitalismo al Talentismo. Gracias, Moisés, por un análisis tan completo y riguroso. El poder ya no es lo que era; vamos a vivir transformaciones que nos dejarán estupefactos.    


A nivel global la deuda asciende a cinco veces el valor anual de la producción de bienes y servicios.

A nivel global la deuda asciende a cinco veces el valor anual de la producción de bienes y servicios. 
Mucha gente puede pensar de manera cómoda en magnitudes como diez, cien o incluso mil. Son magnitudes conocidas y pensamos en ellas desde los diez años. Pero las magnitudes más grandes nos provocan estrés cognitivo: las cejas se arquean, los hombros se empinan, el cerebro envía señales a otras regiones de la corteza y la sensación de certidumbre y confort se disipa. El cerebro intenta enfrentar la disonancia mediante proverbios o máximas capaces de encuadrar la magnitud en un marco familiar, pero fracasa. Luego trivializa o minimiza la magnitud, negándole su peso en la discusión. El resultado son ideas confusas y debates estériles.
Es difícil para el cerebro humano pensar de manera desapasionada en el endeudamiento a gran escala. Miles de años de advertencias han encajonado a la deuda en un aura de pecado y engaño. Los distintos idiomas tienden a asociar la deuda con deshonor y aventurerismo, y este vínculo está inculcado en nuestras mentes antes que manejemos órdenes de magnitud.
En consecuencia los debates actuales sobre la deuda son demasiado emocionales y demasiado polémicos. Se nos dice que el mundo está demasiado endeudado y que se necesita más desapalancamiento para que podamos volver a la estabilidad y el confort de los tiempos pasados. ¿Pero son los niveles de deuda realmente altos? La verdad es que no: de hecho podemos seguir endeudándonos sin alcanzar niveles insostenibles. 
Un ejemplo de endeudamiento aparentemente alto es el de Estados Unidos en 1789, justo después de la entrada en vigor de la Constitución. Alexander Hamilton, secretario del Tesoro, creó un conjunto de instituciones para la joven nación, y éstas funcionaron. En aquella época la deuda total de Estados Unidos ascendía a… ¡457 veces la recaudación tributaria! La razón de ello es que el gobierno federal y los gobiernos locales habían pedido demasiado dinero prestado para financiar la guerra de independencia, y además porque el recientemente empoderado gobierno federal carecía de mecanismos adecuados para recaudar impuestos. Pese a la carga aparentemente abrumadora de esta deuda, las reformas de Hamilton funcionaron, el crecimiento económico se disparó, comenzaron a llegar inmigrantes calificados, la recaudación tributaria aumentó y Estados Unidos canceló todas sus deudas en un par de décadas.
Hoy en día el peso de la deuda es menos descorazonador. A nivel global la deuda asciende a cinco veces el valor anual de la producción de bienes y servicios. Esta magnitud de deuda es, a nivel agregado, perfectamente abordable. Por cierto, hay países y deudores que están por encima de este promedio. Grecia y Portugal, por ejemplo, están muy endeudados por razones que no son aplicables al resto del mundo. En ambos países la población local se está encogiendo por baja natalidad y décadas de emigración. De esta manera la base tributaria se encoge y la demanda por bienes y servicios se mantiene elevada. 
A nivel mundial existe otro factor que aliviana el peso de la deuda. Los inversionistas han manifestado su disposición a aceptar retornos ligeramente negativos. En otras palabras, valoran la seguridad de ciertos bonos soberanos y ciertos papeles corporativos altamente calificados. Están dispuestos a comprar bonos que rinden 1% al año cuando la inflación anual está en 2%. Eligen la seguridad a sabiendas de que sufrirán una paulatina pérdida de poder adquisitivo. Y han estado haciendo lo mismo desde hace varios años. Los japoneses comenzaron a hacerlo hace 20 años y los europeos lo están haciendo desde hace poco.
De modo que debemos repensar todo lo relacionado con la deuda. Debemos aplicar métodos analíticos antes de sacar conclusiones de cuán pesada es en cada caso particular. Debemos evaluar si realmente empobrece a las futuras generaciones. La deuda, cuando se utiliza adecuadamente, financia el crecimiento económico; pero cuando se utiliza de manera errónea puede llegar a ser un problema. La deuda desempeña otro papel importante: es un mecanismo que transfiere riqueza desde las viejas generaciones a las nuevas. Los ricos son maestros del arte de transferir riqueza a su descendencia. Naciones enteras podrían aprenderlo.
Fuente: John Edmunds. 12/31/2013.
Doctor en Administración de Empresas de la Universidad de Harvard, profesor de Finanzas de Babson College en Boston y coautor de Wealth by Association.